7 COSAS CAGANTES DE LOS CONCIERTOS DE ROCK AL AIRE LIBRE

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Kakkmaddafakka y Epica en Monterrey 2019

Ahora que continuamos con la fiebre de festivales, los cuales son por norma general al aire libre, les traemos un conteo con las cosas más odiosas, desagradables y cagantes de los conciertos y festivales de rock al aire libre.

Conciertos - Rock - Cosas - desagradables - 3

1.- Pedos

Tal parece que una norma general de los conciertos de rock es: “Si en un concierto de rock alguien no se tira un pedo ‘saca lágrimas’ no fue un buen concierto de rock”. Esta angustiante y flatulenta situación es una constante en los conciertos rockeros (no sé en los eventos de otros géneros jajaja). Lo bueno del caso es que por lo menos en los conciertos al aire libre el bendito viento nos favorece diluyendo el rebelde gasesillo, malo cuando es un lugar cerrado, ahí sí a fumárselo entre todos.

2.- Golden Rain y otras “aguas”

Una de las situaciones más temidas en un concierto de rock (y otros espectáculos como el futbol) es la ya tristemente tradicional “Golden rain”, es decir, la miada voladora. Es un hábito, casi un ritual, el que varios rockeros comiencen de pronto a esparcir por los aires “su agüita amarilla”, la cual se identifica de inmediato no sólo por su olor, sino por su temperatura: va de la tibio a lo caliente (sí, me ha caído orina en un concierto y por eso confirmo lo de la temperatura).

Algunos, más decentes (ja) optan por arrojar la bebida en turno, desde el agua, el refresco hasta la cerveza, si bien es el menor de los males, la sensación pegajosa aunada a la tierra trae resultados no tan agradables, esto sumado al olor de la cerveza rancia por el sudor.

3.- Arrimones y restregamientos.

Si eres una persona de espacio vital muy corto (no te gusta tener cerca a la gente) un evento de este tipo no es para ti, máxime si quieres estar cerca del escenario. En este tipo de conciertos, en los que las localidades son generales, el apretujamiento es normal, y los arrimones y canasteos “se ponen de a peso”.

Hay quien opta por ponerse en un rincón, alejado de la masa, y hay quien, por el contrario, le pierde el asco a la muchedumbre maciza y se mete de lleno entre la raza para tener un mejor lugar, aguantando estoicamente el frote desagradable con desconocidos.

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4.- Celulares

¡Los malditos celulares! Es comprensible que un fan quiera llevarse un recuerdo del concierto, ya sea una foto o un video, pero seamos sinceros: la mayoría toma fotografías de pésima calidad (movidas, mochas, “quemadas”, en penumbras, etc.), o graba videos con audio espantoso y evidenciando su pulso de “maraquero”; pero eso sí: no dejan ver a la raza que está detrás de ustedes.

5.- “Dust in the wind”

A veces un festival de rock puede originar verdaderas tolvaneras: recuerdo el Machaca Fest 2013 y el Corona Music Fest 2013. El primero de ellos fue en el Parque Acero, y vaya que la raza se puso intensa y levantaron polvo al por mayor, quedando todos como cucharacho en panadería.

El segundo festival mencionado fue aun más intenso: fue tal el nivel de tierra levantada que tuvieron que meter una pipa para aplacar la tierra, además de la queja de Saúl Hernández de Caifanes, al decir: “No sé a qué pendejo se le ocurrió que aquí se podía hacer un concierto”.

Es recomendable para ello el uso de lentes y paliacates, turbantes, o lo que sea que te proteja nariz, boca y ojos.

6.- Mala copa

Como en todo evento social, en un concierto de rock nunca puede faltar él o la malacopa. Hay raza que literalmente va a los conciertos de rock a embrutecerse, y ni disfrutan el concierto, ni conviven con la raza, sino que sólo van a armar “panchos”, a hostigar mujeres, a buscar bronca, a aventar las migas, etc.

7.- Baños

Si ya tienen experiencia en festivales o conciertos al aire libre (sobre todo las damas) saben que si quieren ir al baño debe ser dentro de las primeras 4 horas de iniciado el show, después de ese tiempo los baños se convierten en verdaderos focos de infección y peste, por más aromatizante y cloro que le echen a la fosa. Además, de que después de ese lapso de tiempo las filas pueden llegar a ser un suplicio, así que adminístrense y prepárense psicológicamente.

A pesar de estas penurias y otras más, seguimos yendo a los festivales y conciertos de rock, porque el rock vale la pena esto y más… esa sensación de estar ahí, de sentir la vibración en tu cuerpo del sonido salido de las bocinas, de sentir esa comunión y ese intercambio de energía entre el público y el grupo, todo eso y más hacen que a pesar de los detalles negativos sigamos yendo con las mismas ganas de rockear intensamente.

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