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El día que Caifanes murió

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El 18 de agosto de 1995, Caifanes dio, el que se pensaba, sería su último concierto.

Caifanes es una de las bandas más emblemáticas del rock nacional. Fueron pieza angular en el desarrollo y detonación del llamado “rock en tu idioma”, logrando construir una verdadera identidad nacional dentro del género musical que tanto amamos.

Su historia fue sui generis. Surgieron en 1987, año en el que Saúl Hernández y Diego Herrera se conocen y van planeando Caifanes; el inicio fue difícil: ninguna disquera estaba interesada en ellos, sobre todo por su imagen dark, deprimente y “fuera de onda”, siendo ya por muchos conocido el hecho de que al ir a tocar puertas a Sony les dijeron: “aquí vendemos discos no ataúdes”.

A pesar de lo anterior, la banda se mantuvo firme en sus planes, ya con Sabo Romo y Alfonso André integrados de lleno. Hasta que alguien, por fin, detectó la magia de la música de Caifanes y se les da la oportunidad de empezar a grabar, llegando así su prmierísimo álbum, llamado simplemente Caifanes.

“Viento”, “Mátenme porque me muero”, “Perdí mi ojo de venado”, “Cuéntame tu vida”, serían algunas de las canciones que de inmediato crearon un furor inusitado entre el confundido público mexicano. Pero un fenómeno llegaría para impulsar masivamente a la banda: “La Negra Tomasa”, cover que salió de los ensayos y que de repente se convirtió en un auténtico fenómeno de masas, atrayendo a rockeros, poperos y cumbiamberos a las filas caifanescas.

Caifanes estaba para cosas grandes y esto quedó de manifiesto en su segunda placa, Caifanes Vol. II, mejor conocido como “El Diablito”, disco maravilloso que confirmó el talento del ahora quinteto, ya que Alejandro Marcovich, viejo conocido de Alfonso y Saúl, miembro de las Insólitas Imágenes de Aurora, se integraba al grupo. Vendría un tercer disco y las expectativas eran gigantescas pero Caifanes supo satisfacerlas y crearían el que, tal vez, es su mejor disco: El Silencio.

Caifanes vivía un gran momento musical y comercial, pero empezaron a darse indicios de que no todo estaba tan bien; Sabo Romo dejó al grupo en 1993, por razones personales y artísticas, y al poco tiempo Diego Herrera seguiría sus pasos.

Caifanes pasó, en poco tiempo, de ser un quinteto a un trío y nadie sabía qué pasaría. Llegó 1994 y con él el anuncio de un nuevo disco caifanesco, el cual llevaría por nombre “El Nervio del volcán”, disco que significa un paso adelante para el grupo, llegando su proyección a altísimos niveles.

Sin embargo, a pesar de este gran momento de la banda en el aspecto comercial, se empezaba a ver el ambiente alrededor del grupo un tanto enrarecido; los rumores corrieron y se hablaba de una encarnizada lucha de egos entre los miembros de la banda.

A pesar de esto Caifanes se mantuvo activo y cosechando más logros, como grabar un set “unplugged” para MTV y abrir los conciertos de los Rolling Stones en México, en 1995.

Pero llegó un momento en el que las cosas fueron simplemente insostenibles y las diferencias, específicamente entre Alejandro y Saúl, empezaron a percibirse claramente.

Se hablaba de los egos, de aspectos relacionados con la línea artística de la banda, con los manejos económicos y administrativos del grupo, diferencias personales irreconciliables e innombrables, incluso hasta que hubo golpes; a ciencia cierta nunca se supo qué pasó.

Llegaría el mes de agosto de 1995 y la situación al interior de Caifanes era dolorosa y amarga, se anunciaba que el día 18, del mes y año en cuestión, en San Luis Potosí, la banda daría el que tal vez sería su último concierto.

Llegó el día y cuentan los que estuvieron ahí que fue un concierto difícil de describir, musicalmente delirante pero era claro que todo estaba perdido: los integrantes de Caifanes lucían sumamente serios, más de lo común, era casi nula la interacción entre ellos, pero sí hubo indirectas bastante directas.

Como cuando Saúl, previo a interpretar “Tortuga”, dijo contundentemente: “esta canción habla de cómo podemos hacernos mierda los unos a los otros”; en cierto momento, Alejandro interpretó a solas “Sabor a mí”; pero el momento más elocuente fue cuando Carlos, hermano de Alejandro, quien fue el culpable de que Las Insólitas Imágenes de Aurora se formarán (antecedente de Caifanes) subió al escenario buscando, inútilmente, que Alejandro y Saúl se abrazarán, incluso hay un video en el que se ve como empuja desesperadamente a Hernández para acercarlo con Marcovich.

Caifanes ya no agonizaba, Caifanes moría.

A partir de ahí el cantante y el guitarrista vivieron una guerra fría, y cada quien siguió su camino: Saúl inició Jaguares, al lado de Alfonso André, quien también fue miembro de La Barranca; Alejandro sacó un disco solista y se dedicó a producir varios discos de diversas bandas.

Así, un posible reecuentro de Caifanes parecía más que imposible. Pero lo imposible resultó no serlo y en 2010 se anunció el regreso de la icónica banda, con el quinteto completo, la historia después de eso la conocemos todos.

El 18 de agosto de 1995 marcó definitivamente la escena del rock mexicano, marcó un antes y un después, a partir de ese acontecimiento las cosas fueron distintas (para bien y para mal), quedando un vacío perceptible que el público llenó a base de nostalgia.

Hoy en día Caifanes sigue su camino, ahora sin Alejandro Marcovich. Se encuentran festejando 31 años de existencia y continúan siendo uno de los grupos más populares de México, teniendo intacto su poder de convocatoria.

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