EL LADO OSCURO: RICHARD RAMÍREZ, EL ASESINO ROCKERO

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Mejor conocido como “El Merodeador nocturno”, Richard Ramírez cometió una serie de asesinatos, teniendo como música de fondo a AC/DC.

La historia criminal de Estados Unidos está llena de casos de asesinos seriales, tipos que poseen un ansia irresistible de quitarle la vida a alguien, como un acto de autoafirmación, como un acto de poder. En el presente artículo hablaremos sobre uno de los asesinos en serie más particulares, un hombre que era la rabia andando, un tipo sin escrúpulos, que salía a matar teniendo un casete de AC/DC como compañero, el asesino en cuestión se llama Richard Ramírez, y le decían el “Merodeador nocturno”.

Richard Ramírez, nacido en Texas, pero de origen mexicano, se crio en el seno de una familia no sólo disfuncional sino llena de violencia, su padre era el generador de dicha agresividad, descargando su ira físicamente contra el mismo Richard, sus hermanos y madre. A este ambiente lamentable se sumaría la mala influencia de su primo Miguel, quien estuvo combatiendo en la guerra de Vietnam, el cual le contaba a Richard sobre las atrocidades de la guerra, presumiéndole además que había cometido varios abusos y crímenes contra vietnamitas.

Estos aspectos generaron un caldo de cultivo para el surgimiento de una furia descontrolada en Richard, quien a temprana edad comenzó a robar y a tener riñas constantes, aunado al consumo de drogas. Sus conductas fueron subiendo en la tétrica escalera de los crímenes violentos hasta llegar al homicidio; de 1984 a 1985 se le confirmaron 14 asesinatos, además de otros delitos como asaltos y violaciones, esto en la ciudad de Los Angeles, California.

Cabe destacar que los asesinos en serie se dividen en 2 grupos: organizados, los cuales tienen un patrón de víctimas (solo mujeres rubias, sólo indigentes, solamente niños, etc), además de que cuidan muy bien su accionar para evitar dejar rastros, contando además con un “kit de herramientas” para cometer sus delitos, teniendo siempre un modus operandi bien definido; y por otro lado están los desorganizados, quienes no tienen patrón alguno, ni perfil victimal, la mayoría de las veces se trata de enfermos mentales. El caso de Richard Ramírez se complicó tanto ya que, precisamente, él no tenía ningún patrón ni de accionar, ni en cuanto al perfil de víctimas o periocidad de actividad, resultando un enigma cuándo volvería a actuar y quién podría ser la víctima.

Lo que hacía “El Merodeador nocturno” era salir de casa, encender su walkman, poniendo un casete de AC/DC, y salir a matar. Su preferencia era entrar en las casas y atacar a familias completas, usando cualquier tipo de arma, desde un arma de fuego, hasta algún cuchillo, bate de béisbol o alguna otra cosa encontraba en dicho hogar. Finalmente, hubo una víctima que pudo observar algo de gran importancia: al momento de huir de la escena de su último crimen, Richard se fue en una camioneta naranja, hecho que la víctima le comentó a la policía, quienes encontraron el vehículo en cuestión, obteniendo huellas dactilares que al analizarlas en la base de datos concordaba con el perfil de Richard Ramírez. No sería sino hasta el 31 de agosto de 1985 cuando fue capturado, después de que gran cantidad de gente lo identificó en la calle y casi es linchado por la multitud; durante el juicio Ramírez se mostró retador contra todos, fascinándole hacer declaraciones controversiales y posar para las cámaras. Finalmente fue sentenciado a pena de muerte por 13 homicidios, siendo trasladado a la “tristemente célebre” prisión de San Quentin, en donde jamás cumpliría dicha pena, puesto que falleció por una falla hepática el 7 de junio de 2013, contando con 53 años.

De esta forma terminó la vida de un monstruo, el cual dejó tras de sí una estela de dolor, sangre, traumas y furia brutal; a pesar de este asqueroso legado, Richard Ramírez se ganó el afecto, admiración y respeto de gran cantidad de personas, tanto admiradoras que le declaraban su amor a través de cartas (se casó con una de ellas), así como de muchos jóvenes que querían seguir sus pasos y le pedían consejos. Así de loco está este mundo.

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