Sucio encore: Cuando Don Lupe Tijerina rockeó en Reynosa

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A días del fallecimiento de Don Lupe Tijerina, de Los Cadetes de Linares, vale recordar un poco de su legado e influencia en el rock regio.

Por: César Casillas
Twitter: @cesarcasillas_

Monterrey, con sus cuarenta y cinco grados, chingo de cerveza y sombrerudos que gustan de la fiesta desde horas tempranas de la tarde, perdió hace algunos días a uno de sus pilares contraculturales, antihéroe ejemplar, a Don Lupe Tijerina; compañero de borracheras de todo aquel que, nacido aquí y sin importar la afiliación musical que presuma, guste de la combinación mágica norestense: cerveza, carne asada, intemperie y un poco de sangre gitana en las venas.

Un infeliz infarto nos privó del “último Cadete”. Ya en 1982, un malparido accidente carretero se había llevado al legendario Homero Guerrero, fundador de Los Cadetes de Linares; esa fue la primer puñalada del destino a las noches bohemias regiomontanas. Dicen las crónicas de estos últimos días que, a la mitad de la segunda canción de un concierto ofrecido en Ciudad Fernández, San Luis Potosí, precisamente esa llamada “El Palomito” y compuesta por él mismo, el señor Lupe Tijerina se sintió mal y soltó el acordeón (mal augurio de lo que se avecinaba) para ser atendido en el escenario y posteriormente bajarse… sus músicos siguieron tocando pero él ya no subió.

Murió a la 1:25 am del pasado 5 de julio, con sesenta y nueve, bastante vividos, años encima. Así nomás, de improviso, nos pusimos todos de luto. Los acordeones tocan notas bajas y el bajo sexto derrama su sonido por el suelo. Porque un regiomontano nunca se vuelve tan punk como para no chingarse una Carta Blanca escuchando a Los Cadetes de Linares, Lalo Mora o a los Cardenales… y a las pruebas me remito; porque es tan parte de nuestro ADN regional, como lo son nuestros soles violentos o las montañas que nos abrazan.

Hubo un momento, en la vida de muchos de los que leen estas líneas, en el cual se quitaron las botas norteñas para calzarse las botas rockeras. Pero, a no ser que hayan vaciado la sangre de sus venas, la esencia de cualquier desmadrito que se traigan está ligada a los sonidos de esas cantinas del centro, donde la rockola aúlla el sonido del acordeón y el bajo sexto para asentar esas cervezas, esas que bajan frías a través de la garganta para reposar en algún cuerpo borracho. Y es que los orígenes no se van; porque cuando el Beto`s era un bar norteño, muy seguramente, fue testigo de los mismos o mejores zafarranchos que los actuales, porque en esencia somos los mismos… la misma clase obrera regia buscando una escape… ya sea a través del acordeón o el riff de una guitarra eléctrica.

Erase una vez Reynosa.

El destino quiso que Don Lupe Tijerina pisara Reynosa… En los años setentas, para coincidir en la cantina “El Cadillac” con Ramón Ayala, Cornelio Reyna, Homero Guerrero y así empezar a forjar la historia de Los Cadetes de Linares…. Y en el mes de octubre del 2015, para subirse al mismo escenario que las Victimas del Dr. Cerebro, Genitallica, la Verbena Popular y Cabrito Vudú en el festival Rock N Reyno, tocada que, en la plaza de toros de Reynosa, buscó en esa mezcla de estilos algo diferente… en el fondo algo no tan distinto a lo que se buscaba en “El Cadillac”… un mismo sentimiento pulsado con distintos acordes.

Será porque el encuentro entre Lupe Tijerina y Homero Guerrero en Reynosa se concretó, años después, en unas líneas que marcaron la historia musical norestense “estos eran, dos amigos, que venían de Mapimí, que por no venirse de oquis, robaron Guanacevi…”, será tal vez porque, escrita por Don Lupe Tijerina en 1974 y basada en las historias contadas por su abuelo revolucionario (según contara en una entrevista al periódico La tarde de Reynosa), “Los dos amigos” fue un éxito inmediato.

El hecho pues, fue que, en el cartel del festival Rock N Reyno 2015, pudimos ver a Los Cadetes de Linares, ya convertidos en leyenda, compartiendo el escenario con grupos de rock y ska regio. Sin embargo, la influencia de la música norteña en estos grupos ya se podía ver desde antes… en el éxito “Yo me voy con cualquiera” de Genitallica y La Leyenda, por ejemplo, o en “Mario Almada y su carnal” de la Verbena Popular, o quizá en la “Polka salvaje” de los Cabrito Vudú. Venga, que ya lo llevábamos en la sangre.

Y aunque en general, el constante proceso de aculturización de los medios de comunicación (que insisten en encarrilarnos en una cultura gringa, ajena y consumista) nos hace olvidar y hasta renegar de nuestra herencia musical, canciones como “Noreste caliente” de A band of Bitches o la versión ska de “Mil noches” tocada por Ruido Norte, nos aterrizan en la riqueza del sonido norteño y lo celebran.

Así pues, la inmortalidad de Don Lupe Tijerina será la envidia de cualquier rockstar nacional, cuya vida de excesos palidecerá ante estos señores de cantina a quien ningún “rockero mamón va a venir a contarles del sexo y las drogas, chingao”, pues sus acordeones, tan llevados y traídos, no recorrieron el país de oquis. El último road trip que se reventó Don Lupe empezó cerca de León, Guanajuato, continuó el viernes en Monterrey y siguió en la carretera hacia San Luis Potosí… el regreso sería con el sombrero descansando sobre el pecho y la mirada en forma de recuerdo.
Pero, como dice aquella canción, “que no se apague la lumbre…”, al fin que nos quedan muchos motivos para, ya encervezados y a eso de las cuatro de la mañana, dejar de lado los “rocksitos” y poner alguna de los cadetes, nomas pa´que se nos quite un poco lo mamarracho.

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