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Quinientas palabras sobre Jack White, el músico

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Jack White es el heredero y “keeper of the flame” de las mejores cosas que el rock ofrece.

A principios de los dos mil sentía de que el rock clásico estaba a punto de morir, hasta que encontré una entrevista en la que Robert Plant declaraba: “Thank God for The White Stripes”.

¿Quiénes eran estos White Stripes como para que les declarara ese nivel de respeto?

Si pudiera describir en una sola imagen lo que sentí al escucharlos, no habría una más perfecta que la de aquella icónica fotografía usada en la publicidad de Cassettes Maxwell en los noventas, donde un tipo está sentado frente a una bocina y la fuerza del sonido le vuela el cabello, la corbata, la lámpara y hasta el martini.

Es crudo, es violento, es romántico, es misterioso. Es místico, rebelde, inconformista, sexy, impredecible. Un alquimista sonoro que siempre nos deja con las ganas de poder ser un poco más digerible. Y en no serlo está el secreto de su magnetismo.

A lo largo de cada uno de sus grupos ha ido mutando de sonido y de ideas manteniendo siempre la esencia. Una guitarra cruda, rasposa, venenosa.

Con los White Stripes definió cómo debe sonar un grupo de garage, desangrándose en su amor por tocar música que se siente en las vísceras y despierta los instintos que no le gustan a los papás. En los estadios deportivos de todo el mundo se tararea masivamente el riff de “Seven nation army” como el grito de guerra que deja la mejor prueba de su poca sofisticación y total pureza.

De un grupo básico salta a un supergroup: The Raconteurs. Desde la primer escuchada tienes la certeza de que estás frente a un disco clásico. “Steady as she goes”, “Level” y “Together” son himnos.

Para no aburrirnos, y habiendo dejado claro que era el mejor guitarrista de su generación, se pasa a tocar la batería en The Dead Weather. Y hazle como quieras. En vivo, desde el fondo y en el banquillo seguía siendo quien dominaba el escenario. Cada tema de los discos te deja con la sensación de haber escuchado tres canciones en una sola. El grupo mas oscuro y experimental de todos.

Y todavía no entramos a la mejor parte de su carrera. Sus discos de solista. Suenan clásicos. Suenan prohibidos. Suenan familiares. Siendo la única mente detrás de la creación de un disco, sin duda, ha mostrado su mejor faceta. El control total le va muy bien. La democracia creativa al parecer lo fastidiaba. “Black bat licorice” es una canción que sólo él podría haber grabado.

Los muy pocos valientes que estuvimos en ese concierto de los White Stripes en Monterrey presenciamos el one man show más virtuoso que se haya visto en la ciudad. Y aún seguimos con el duelo por la cancelación de su segunda visita.

Para otra columna dejaremos el tema de Jack White el empresario, conservacionista y antropólogo.

Por ahora, esperamos como junkies que llegue marzo para escuchar su nuevo disco.

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