Un año más sin Pablo, el alma del Café Iguana

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Pablo Café Iguana
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KILLSWITCH ENGAGE

Estaba cenando aquel 22 de mayo del 2011, de repente corre la noticia de que balacearon el Café Iguana. Se me cae el bocadillo del tenedor, me quedo inmóvil, mi cerebro se negaba a aceptar lo que estaba pasando, lo peor vino después, la noticia de que Pablo y el “Enano” habían muerto.

Recuerdo que Víctor Rocha, amigo y gerente del Café, me habló para pedirme un flyer para una tocada y, como todo amigo, le ayudé a resolver el problema y así quedó; no recuerdo para qué evento era el flyer, solo recuerdo el hecho de cómo llegué al Café Iguana.

Mensajes para Pablo

Yo era de esos que iban a los famosos jueves del Café Iguana: no cover, chelas baratas, la mejor música y bastantes amigos reunidos en el antro del momento.

Alguna vez entre los amigos pasamos una bagpack llena de latas de cerveza, obvio de la que vendían ahí, pusimos la mochila abajo de la mesa y de ahí íbamos sacando conforme nos las acabábamos, pero antes de empezar con esta odisea, siempre comprábamos una o dos chelas en la barra, para empezar la noche.

Pablo y roko

Entre los pasillos del bar, se veía venir una silueta, entre más cerca, más imponente se vea aquella persona que venía hacia la mesa, hasta que llegó a donde estábamos, y pensando que nos había “torcido”, solo dijo: “bájense de ahí, ahí no es para sentarse”.

De inmediato se bajó el amigo que estaba ahí, y dijimos “este vato sí nos pone nuestros chingazos, ya siéntate bien”. Ese fue mi primer contacto con Pablo, el elemento de seguridad del Café Iguana.

Con el tiempo conocí bien a Pablo, algo que me sorprendía de alguien con su aspecto fuerte e imponente es que siempre sabía llegar a un acuerdo con cualquier persona que se quería pasar de lanza, al que llevaba mota al Iguana, o simplemente andaba de “caga palos” por ahí, nunca lo vi como esas personas de seguridad que se aprovechan para amedrentar, Pablo era diferente, siempre mediaba para llegar a un acuerdo.

Algo que siempre estaba prohibido en el Café eran las cadenas, esas de llaveros que estaban de moda. Cuando se daba cuenta de eso, siempre se las quitaba y se las llevaba a guardar, algunos nunca las reclamaron, otros sí, pero en ocasiones llegaba a la oficina con tres o cuatro cadenas sonriendo y decía, esta raza no entiende ya no se que hacerle a tanta pinche cadena, y las iba colgando en algún lado del Iguana.

Pablo llegó a ser más que el jefe de seguridad, era el brazo derecho de Fony, siempre rebotaba las ideas o inquietudes para remodelar, para meter abanicos, para cualquier cosa relacionada con en el bar del reptil.

Al canijo le gustaba mucho ir a La Pesca, Tamaulipas, siempre me contaba las aventuras que pasaba cuando iba. Siempre me decía, “la próxima vez te voy a traer unos pescadotes bien machines”, y yo como compa siempre le decía “no pescas ni un resfiado, wey, vete a Soriana y cómprate un kilo de mojarra, déjate de mamadas”.

Siempre tenía una sonrisa para las personas que lo rodeaban.

Sigo yendo al Iguana a tomar fotos o videos para Monterrey Rock y siempre que paso y veo los impactos de balas en la pared, pienso en esa noche. Sin duda hace falta ver a Pablo recorrer los pasillos del Café.




A “El Enano” no me tocó conocerlo, dos o tres veces lo saludé, creo que entró después de que yo ya me había ido a trabajar a otro lado, sin embargo sé que era una persona muy apreciada por las generaciones que asistían en ese momento al Iguana y él, junto a Pablo, eran los responsables de que no pasara nada en el Café, exponiendo su vida para salvaguardar la vida de los clientes.

En la época en la que trabajé con él en el Café, siempre fue conocido como Pablo, después no sé cuando, le empezaron a nombrar “Pablote”, lo que sí les puedo asegurar es que “Pablo” o “Pablote” tenía un gran corazón y era una persona que se preocupaba por la seguridad de todos los que asistían al bar.

Pablo practicando arte marciales
Pablo practicando arte marciales

Fueron como cinco años que hice los pósters en el Iguana y en todo ese tiempo solo me tocó ver una bronca: un güey le rompió una caguama en la cabeza a otro, no pasó nada grave, esa fue la única vez que se le “peló” un percance, nunca más volví a ver otro altercado, no sé si sería porque con todos se la llevaba bien o simplemente lo respetaban y no querían tener problemas con él.

Lamentablemente la inseguridad se apoderó de las noches del Barrio Antiguo. Bar que abriera, bar que tenía que rendir cuentas, la situación era “jalas o no jalas”, si no jalabas tendrías consecuencias, pagar piso, vender mugrero en el bar, eran opciones de este “jalas”, el bando contrario tomaría represalias y decidieron ir a amedrentar el bar, lamentablemente el resultado de esa noche de venganza todos ya la sabemos.

Clientes y amigos del Iguana exigiendo NO MÁS VIOLENCIA

Tuve la oportunidad de hablar con Fony varias veces, nunca me atreví a preguntarle ¿cómo fue, qué paso? Sé lo que significaba Pablo para Fony, sé lo que significaba Pablo para el Iguana, sé lo que significaba Pablo para miles de amigos que hizo durante su travesía en este bar, y no me atreví a preguntarle sobre algún dato más del que no se sabia.

El dolor del Iguana era latente y sigue latente, Pablo ya no estaba, nada de lo que le preguntara haría mas leve el sentimiento de perder a un buen amigo.

Un cambio de consciencia se hizo sentir, los clientes frecuentes se lanzaron a la puerta del Café Iguana a mostrar su respeto a los caídos, cientos, miles de personas caminaron enfrente; flores, veladoras, pancartas, llanto, se exigía seguridad, no se logró nada.

 Pablo Cesar Martinez Flores

Los huecos de las balas en la pared frontal del bar siguen recordando esa noche, Fony no los quiso tapar, no quiso resanar esa herida de muerte que sufrió el Iguana, esto no se olvidará y ahí, en silencio nos siguen recordando trágica noche.

Pablo se fue, pero se volvió eterno y su muerte marcó un hito en la escena del rock en México, su recuerdo permanecerá en la historia de Monterrey.

“Pablo”, “Pablote” del Café Iguana, murió un 22 de Mayo 2011. Esta noche, brindaré con él con una caguama en mano y recordando su gran amistad.

Pablote

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