El día que Cerati y Bunbury se unieron en Monterrey

El 27 de noviembre de 2004 se dio el particular concierto en el extinto Auditorio Coca Cola.

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El 27 de noviembre de 2004 se vivió uno de los conciertos más emotivos que se han vivido en Monterrey: la presentación de Cerati y Bunbury en el Auditorio Coca Cola.

Cuando Cerati y Bunbury tocaron juntos en Monterrey

Desde que se anunció este concierto la expectación fue mucha, pues en una sola noche se reuniría a dos de los íconos del rock en español.

Además estaba la emoción (o morbo) por ver si se aventaban un “palomazo” ambos cantantes, por lo que la venta de boletos arrancó más o menos bien.

En total 7 mil personas se dieron cita en el Auditorio Coca Cola esa fría noche.

El primero en salir al escenario fue Bunbury, quien en ese momento estaba promocionando el disco “Viaje a Ninguna Parte”.

El cantante de Zaragoza, España, acompañado del entrañable “Huracán Ambulante” interpretó varias canciones que hoy son clásicas para los fans del español, como “Señorita Hermafrodita”, “De Mayor”, “Lady blue”, “Infinito”, “Salomé” y otras que permanecen grabadas entre los fans más ultra, como “Que tengas suertecita”.

Con sombrero de copa y vestido de negro, Enrique Ortiz de Landazuri se ganó al público con su entrega total sobre el escenario y se despidió tras más de hora y media de adrenalina musical.



El cierre de la jornada corrió a cargo de Gustavo Cerati. El argentino dio un repaso de los temas que sacó como solista desde 1993.

Así, el público pudo disfrutar de canciones como “Amor amarillo”, “Cosas imposibles”, “Paseo inmoral”, “Tu locura”, “Vértigo”, “Puente” y “Vivo”.

Cerati se mantuvo muy serio durante el concierto pero impecable y entregado en cada canción.

Además se dio el lujo de complacer a su fanaticada con algunos temas se Soda Stereo como “El Rito”, “Sueles dejarme solo”, Sobredosis de TV” y “Primavera Cero”.

Hay que decirlo: gran parte del público no se quedó hasta el final del show del argentino, aspecto que poco le importó pues el siguió dándolo todo.

Gustavo dijo adiós y el momento que todos esperaban no se dio: no se aventaron el “palomazo”, simplemente las luces del auditorio se encendieron y la música de la consola comenzó a sonar confirmando el fin de uno de los conciertos más interesantes que se han vivido en la ciudad.

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