El casete se ha mantenido como un objeto musical ubicado en un tercer plano, estando por debajo del CD y el vinil en cuanto a popularidad.

Los objetos de deseo de los amantes de la música han ido cambiando con el paso del tiempo: al principio fueron los vinilos, después los casetes, luego los CD’s, y nuevamente los vinilos se han vuelto a colocar como un artículo muy buscado por las nuevas generaciones, pero ¿y el casete?, ¿se ha revalorizado?, ¿o ha muerto y se ha quedado olvidado por las antiguas y modernas generaciones?

Por principio de cuentas, hay que hablar sobre algunas generalidades de este artículo musical; el casete surgió como tal en 1963, creado por la empresa Philips, pero no sería sino hasta la década de los 70’s cuando comenzó a tomar auge en el medio musical; consta de una cinta magnética, la cual contiene la información y es movida a través de 2 carretes.

Al principio, los casetes musicales no tuvieron el éxito esperado, pues la calidad de los elementos no eran de la calidad requerida para la reproducción de audio. De inmediato los ingenieros de diversas empresas se pusieron a trabajar al respecto, ya que se tenían los planes de introducir al casete como una competencia directa contra los discos de vinil, resaltando su diseño compacto y, por tanto, portátil, además de su costo notablemente inferior.

Estos factores hicieron que el casete fuese ganando terreno y más con la llegada de las radiograbadoras portátiles y los walkman, siendo estos artículos considerados como de vanguardia y moda en los 80’s y parte de los 90’s. Y no sólo eso: los casetes empezaron a venderse “limpios” o “vírgenes”, listos para ser usados para grabar música, conversaciones, programas de radio, con lo que la fiebre del casete aumentó de manera brutal, ante lo cual los vinilos comenzaron a ser desplazados irremediablemente.

Pero el casete no era la gran cosa: el audio no era tan bueno, y a veces se tenían problemas con la cinta, la cual podía enredarse y maltratarse, lo cual se traducía en problemas de reproducción. ¿Se acuerdan que teníamos que usar un lápiz o pluma para ajustar la cinta? ¡Era todo un caos!

De repente llegó el CD y se decía que la calidad de audio era inmejorable, lo que fue restándole terreno a los casetes, hasta que estos comenzaron a dejar de producirse. Llegaría mucho después el audio digital, y las ventajas eran ahora el portar dicha música en reproductores minúsculos y, por ello, comodísimos para portar, además de poder almacenar dicha música en los celulares y computadoras, lo que a su vez le restó protagonismo al CD. Pero, si bien se ganó practicidad y calidad de audio, se perdió la experiencia de comprar “un objeto”, algo tangible, algo que se puede ver, tocar, oler, además de admirar la portada y el arte del disco (sobre todo el “librito”), y eso trajo de nuevo al vinilo a un terreno estelar, revalorizándose a tal grado que no solo se reeditaron viejos materiales musicales, sino que nuevas bandas empezaron a considerar este formato para sus lanzamientos.

Hoy en día se ha venido dando una progresiva (aunque lenta) revalorización del casete, poco a poco las nuevas generaciones se han venido acercando a este objeto musical y los de la “vieja guardia” han desempolvado sus casetes y los presumen y reproducen. ¿Viviremos una fiebre del casete? No creo que se llegue a tal grado, puesto que como objeto de deseo el casete se queda muy corto ante lo impactante del vinilo, pero la melancolía es fuerte y potente, y más en estos días tan extraños que vivimos, lo que sí nos hace suponer que el casete seguirá ganando adeptos.

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