“Lo que no has de ver en tu casa lo has de tener”, así le pasó al ex presidente Gustavo Díaz Ordaz.

“Ya solo podrá tocar el hijo de Díaz Ordaz…” dice la letra de Abuso de Autoridad de El Tri, y sí, esta letra hacía referencia a una realidad: el hijo de Díaz Ordaz era la oveja ronckandrollera, digo, la oveja negra de la familia presidencial.

Alfredo Díaz Ordaz, el hijo menor de la familia presidencial, se salía del molde: era inquieto, rebelde e informal, cosa que le molestaba sumamente a su padre, el nefasto Gustavo Díaz Ordaz, quien, a pesar de esto, lo tenía muy consentido.

“Alfredito” se inclinó en su adolescencia por la música rock, en especial por el rock progresivo y la psicodelia; decidió aprender música y dio rienda suelta a la experimentación musical, cantando, tocando y componiendo. De esta manera Alfredo Díaz Ordaz forma varios grupos, entre ellos Renaissance y Love Syndicate.

Love Syndicate fue un grupo psicodélico, liderado por Alfredo, en el que el rock, el pop y el a go go, se fusionan de manera ácida, obteniendo como resultado un estilo interesante, aunque un tanto falto de madurez; pero como ejercicio y experimento es bastante bueno y le serviría al hijo de Díaz Ordaz para su siguiente proyecto.

De este grupo sólo quedó un registro, un disco de 7 pulgadas, el cual contiene 3 tracks, los 3 cargados de inspiración lisérgica.

Renaissance, otra banda dirigida por Alfredo Díaz Ordaz, fue un proyecto bastante bueno, en el que la psicodelia se fusionó con percusiones y metales, logrando un sonido tipo macro banda, bastante compacto, que luce en diversos momentos. La voz de “Alfredito” no es tan buena, pero tiene cierta personalidad que le da un plus y la salva. El único registro de este proyecto es un solo disco, autotitulado, publicado entre 1971 y 1972, el cual, aunque Usted no lo crea, es gran calidad.

Al fallecer su madre, Alfredo se aisla un poco y se aleja de la música, hasta que en los 80s regresa con la banda Lucrecia, banda de funk rock, con algo de música disco; este fue un grupo bastante original, que llegó a abrirle a Alice Cooper en el concierto que dio en Monterrey en 1980.

Alfredo Díaz Ordaz fue productor de varios discos y organizador de conciertos de rock, y es considerado por algunos como un genio del rock mexicano pero que fue olvidado o menospreciado, debido a que nunca pudo quitarse el “estigma” de ser el hijo del ex presidente y de haber sido el productor de Thalía en sus inicios.

Antes de terminar con este artículo, no podemos omitir una historia conocida por pocos, pero que resulta memorable: Alfredito, inmerso en el ambiente rockero y con muy buenas amistades debido a su estatus de hijo del presidente Díaz Ordaz, conoce a diversos empresarios, entre ellos a los que organizaron los conciertos de The Doors en nuestro país, en 1969. Esto lo aprovechó para conocer a Jim Morrison con quien, se dice, mantuvo cierta amistad. En 1970, Jim Morrison viajó a la Ciudad de México para pasar el rato y turistear; resulta que Alfredo la hizo de anfitrión del Rey Lagarto y lo llevó a él y a otros amigos a la residencia presidencial de Los Pinos, aprovechando que su papá se encontraba fuera de la ciudad. Armaron una fiesta de escándalo con sexo, drogas, alcohol y rock and roll y de repente llega el presidente Díaz Ordaz y los cacha en plena movida.

¿Se imaginan la escena? ¡Jim Morrison bien pacheco frente a frente con Gustavo Díaz Ordaz, en la casa de Los Pinos! Dicen que el presidente se encolerizó y casi cacheteó a su hijo, corriendo a todo mundo de la casa, con todo y “mois” y alcohol.

Como bien dice el dicho: “Lo que no has de ver en tu casa lo has de tener”, así le pasó a Gustavo Díaz Ordaz.

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