Autobiografía de una noche

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Es así como me empecé a recorrer mi vida, de presente a pasado, todo aquello que alguna vez me hizo reir, llorar, reir a carcajadas, gritar, y un gran etcétera de acciones. Recordé tantas cosas que entonces me dije ¡¡Si puedo escribir todas, pa’ que conformarme con una!!

Todo inicia el domingo pasado, en un gran evento, en el inicio del final de un gran espacio espiritual, cultural, familiar. Ahí nos reencontramos muchas personas que tenía tanto tiempo de no verlas, me encontré con muchas que no conocía y es que de alguna manera ahí, en ese lugar y en algún momento, es donde me encontré a mi misma.

Ese día inició con el pie izquierdo, literalmente porque la parte derecha de mi cama se encuentra pegada a la pared, así que no hay manera de moverme para ese lado a menos que cambie la decoración, pero eso será después. En fin, me levanté y me lavé la cara, y si hay algo que disfruto demasiado es el desayuno con mi familia, pequeña, pero mía. Y así fue, en la mesa se platicó de los planes del día, planes que yo secretamente ya había puesto en marcha durante la semana.

Mi mamá es de aquellas ‘mamases’ que si les pides algo te lo tienes que ganar, así que mi plan era: levantarme muy temprano durante la semana, hacer la limpieza del hogar, bañar a los bebés de cuatro patas, y dejar todo bien arregladito … ¿Cuál fue la realidad? Todos los días me despertaba entre 9 – 10am (beneficios de tener un trabajo vespertino), y con prisas porque eso de prender la computadora es un verdadero vicio, y por estar ahí como zombie se me hacía tarde.

Total, llegó el domingo y después de contarles mis planes aceptaron de buena gana, después de todo ella ya tenía los suyos.

Empezamos con un viaje a la Huasteca, de ‘aventón’ porque tomamos el camión que no era, así que me sentía como en las películas, llegamos a nuestro destino sanos y a salvo e hicimos lo que teníamos que hacer.

Regresamos con más gente, ya en un carro compartido, y aún así con gente que no conocíamos hasta hacía 4 horas, es impresionante como se puede desarrollar la confianza en determinadas actividades y colocarla en manos del destino.

Llegamos al lugar, Tierra Turquesa.

La primera vez que estuve ahí fue en una plática por los derechos de los animales, recuerdo haber llegado con una amiga, y después de 2 horas de buscar la dirección llegamos, entramos y como no conocíamos a nadie, nos fuimos jajaja. 1 año y medio después, mas o menos, ahora ya no me quiero ir.

Pero antes de irnos nos encontramos con el encargado del lugar, Mike, que nos platico de los eventos y talleres que ahí se llevaban a cabo, y recuerdo que en es justo y preciso momento todo encajó, algo en mi hizo ‘clic’ y pensé “Ésto era lo que toda mi vida había buscado”. No me refiero al muchacho por supuesto, si no a los temas que ahí abordan como meditación, la naturaleza y el respeto por ella, la sabiduría ancestral, etc, etc, etc. Y por supuesto, música … música del alma.

Se llegó el día de la despedida del lugar y llegué justo a tiempo para escuchar a las bandas de Joao y los Cacomixtles, Viento Wirikuta y Noyolo. Bandas que en este momento se encuentran en un lugar privilegiado entre nosotros, sus oyentes, y creo que su secreto es hacer las cosas con amor y del corazón, pero creo, después de todo es secreto. Si es que lo tienen.

Se lanzaron globos de cantoya que contenían miles de deseos, e iluminaron el nublado cielo que había en ese momento.

La lluvia no fue un impedimento para que la fiesta continuara, al principio todos se refugiaron dentro, era como un cuartito-sardina, después todo se relajó, y la llovizna le dio un nuevo sabor a la noche, más personal, natural, rica en aromas y colores, y todos los que nos encontrábamos ahí ya éramos uno solo bailando, cantando, riéndo y amando.

Después de todo, de qué otra manera podía terminar la noche en un lugar que siempre fue una luz entre tanta oscuridad.

La llegada a la 1am a mi casa, la mojada y días después la gripa valió total y completamente la pena. Y no me queda más que decir GRACIAS!

Y ya no escribiré más, la autobiografía aquí termina, después de todo, el día pinta para ser hermoso, medio nublado, medio soleado, una brisa ligera y fresca. Definitivamente no me quiero quedar en casa a recordar el pasado, quiero salir y crear mi presente futuro.

Amor, Carmen ♥

Reportaje: Carmen García
Foto: Vero Fuentes

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