Reventadores de conciertos: El nuevo trending en las redes

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Las redes sociales, el vicio y cáncer que dio vida a los reventadores de conciertos.



Que pasaba hace unos años cuando las redes sociales no dominaban nuestras vidas, y la forma de manifestar nuestras inconformidades hacía alguien o algo eran de frente, mediante cartas o buzones de sugerencias que nunca llegaban a la persona indicada, o simplemente eran ignoradas. Y a decir verdad solo podías conformarte, cruzar los brazos y pagar indignadamente un boleto.

Hoy en día tenemos una herramienta de doble filo mejor conocida como Facebook que hace de todos sus usuarios jueces y verdugos de todo aquello que no les parezca suficiente me bueno. Y no voy a indagar en los temas de opinión populares: fútbol, política o religión, de los cuales todo mundo es experto.

Me enfocaré únicamente en los comentarios terriblemente atacantes de parte de miles de personas que diariamente entran a su cuenta para enterarse de noticias y novedades actuales, pero no basta con solo leer y jugar el papel de espectador pasivo, hay quienes entran a discusiones, o hacen comentarios de tonos elevados, hirientes y en parte violentos con respecto a los conciertos, bandas y festivales de la ciudad.

Y es que todo se convierte en algo tan fácil como dar ‘click’ a un pensamiento sin fundamentos y con poco conocimiento de lo que implica estar en el lugar de un productor. 
¿Alguna vez han producido un festival masivo? ¿Alguna vez han organizado algo más que una ida al oxxo? NO. La gran parte de las personas que critica y ataca insensiblemente todo lo que puede, no tiene idea de lo que habla, y es cierto, cada quien puede hacer de su Facebook una caja de Pandora o un libro sagrado, pero para toda critica o queja, debe existir OBLIGATORIAMENTE una solución o sugerencia viable de por medio.

El hecho que tengamos una herramienta al alcance – de prácticamente toda la sociedad conciertera- no significa que tengamos que ponernos en un papel de reventadores de conciertos, sino al contrario.

La ciudad de Monterrey hace un par de años paró todo lo que conocíamos como vida nocturna por completo; bares y antros, el barrio antiguo, Café Iguana, y muchas bandas dejaron de venir a nuestra tierra porque tuvimos la des fortuna de estar en territorio de guerra, secuestros, y asesinatos, que suscitaban a la orden del día.

Sin duda, tanto los productores, recintos y bandas, se las vieron negras al no poder producir este hermoso arte que tanto nos enloquece: la música. La gran musa y razón de vivir de muchos de nosotros fue ultrajada gracias a los aires de violencia e inseguridad que vivimos y que mató las esperanzas de volver a ver una ciudad como lo era, por ejemplo a finales de los 90s principio del dos mil.

En esos días todos los que somos fanáticos de los conciertos y festivales masivos, o simplemente, todos los amantes de la fiesta, nos preguntábamos si algún día volveríamos a ver el barrio lleno de gente, si algún día podríamos volver a salir sin miedo de nuestras casas, o si estando a la calle volveríamos a ver a los nuestros. Y un día, la “suerte” le volvió a sonreír a la Sultana del Norte, todo estaba volviendo a lo que era antes. Y llegamos a hoy. Estamos en un presente prometedor en los que las productoras se pelean por los asistentes, en donde hay tráfico a causa de múltiples conciertos y festivales en un mismo día, un momento en el que hay más de cinco opciones de tocadas, tributos, conciertos, shows, etc. ya nos olvidamos de que un día vivimos una real carencia musical en la ciudad.

Ya con esta idea en mente, me pregunto si realmente es necesario ser esencialmente haters.

¿De verdad creen que sus reclamos porque el recinto del concierto no les gusta o les queda lejos, van a cambiar algo? ¿Enserio creen que van a traer a la banda que solo ustedes y sus primos conocen a un festival, solamente porque ustedes quieren? Abramos los ojos, esto es una industria musical, y se trata de dinero (aprende algo dinero), por mas que la música sea algo pasional y romántico, no podemos cegarnos a que esto se hace por dinero y para beneficio de quien hace y trabaja en el evento. Los demás solo somos espectadores que contribuimos a que este negocio sea redondo: yo compro, la banda se paga, la productora gana, y todos felices.

Y esto se manifiesta sobre todo, o más bien, en su mayoría, en los eventos independientes, o festivales nuevos, de productoras que tienen esa cercanía y que han brindado, para su propio bien y mal, esa confianza con la gente de estar en constante comunión. Un lazo de concierto – espectador.

Y que a través del tiempo se ha deformado en un espacio abierto a quejas y reclamos diarios desde el día que se anuncia el evento hasta después de que este se acaba. He visto comentarios de quejas por el precio de la cerveza, que si el lugar no tiene estacionamiento, el lodo, la falta de asientos, los asientos en vez de explanadas, que lugares cerrados, lugares abiertos, hasta por las inclemencias del clima se quejan. ¡Eh, Tlaloc, bájale a tu lluvia, vamos a ir a un concierto, ya vete!

En fin, yo nunca vi que nadie se quejara de los recintos “grandes”, y creo realmente que es gracias a esa pared invisible que esas “grandes” empresas han puesto desde hace muchísimos años con la gente.

Repito, todos podemos alzar nuestros pulgares arriba o abajo, es nuestro “derecho” de libertad de expresión el decir tanto lo que nos parece, como lo que nos disgusta. Pero creo que a veces hay que pensarlo bien, y antes de criticar, o reventar un evento, recordemos que hace 3 años todos anhelábamos tener música de vuelta.

Ahora la tenemos, sean “buenos” o “malos” eventos, el sol sale para todos, y lo chingón de la música es que existen miles de géneros. Aportemos más de lo que nos quejamos, y les aseguro que podríamos hacer una escena musical más rica y duradera.

Por cierto, a mi me escuchan los miércoles a las 8:30PM por la 90.5FM, con mi programa El Riddim.

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