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Documental “Amy” (2015)

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“Amy” es un gran documental que gira en torno a la figura de la maravillosa Amy Winehouse.

Por César Casillas

Con la muerte de Amy Winehouse, el arco dramático de su historia de éxito había descendido. Porque dentro de ese apartamento en Camden, al norte de Londres, donde encontraron su cuerpo ausente, quedaron vacías tres botellas de vodka, vacía quedó también una escena musical anémica de buen gusto, vacíos quedaron los ojos, muertos, de aquella anciana jazzista atrapada en el cuerpo joven y pequeño de una chica judía que sufrió todo ese talento que le subía por la garganta y se derramaba, inevitable, en el escenario cada que estaba frente a un micrófono. Como Morrison, como Hendrix, como Cobain, murió a los 27 años, como Janis Joplin, con quien comparte aquel mural tan chingón en nosecual colonia de San Nicolás… tan lejos de Camden.

Este pasado fin de semana se cumplieron cinco años de su predecible/novelada/mediática muerte. Esta ocasión ameritaba darle otro vistazo al documental ganador del premio Oscar en este año, Amy (2015), dirigido por Asif Kapadia. Una obra intimista, casi voyeur, que nos relata la historia de la cantante usando como hilo conductor grabaciones caseras, presentaciones en vivo, fotografías, fragmentos de entrevistas y reportajes de televisión; logrando así un lienzo de dos horas, en donde con maestría el director interactúa las imágenes, la música de Winehouse (dibujando además las letras sobre las canciones para acentuarlas) y la voz de los protagonistas (amigos, productores, familia y ella misma), resultando un filme visualmente impactante, estético y embriagante, en el que dichas imágenes y música te cuentan la historia sin necesidad de presentar en pantalla a las personas que dan testimonio, solo sus voces se intercalan hábilmente en las escenas para darle al documental un estilo fresco y ágil, en donde no se pierde el tiempo, en donde cada imagen es valiosa.

Así, la historia es un honesto viaje cámara en mano a lo largo de su vida, agitada, convulsa, codependiente de su hombre, de su botella, de su peculiar y poderosa voz de contralto, de su crack, de su heroína, de su libertad para mandar todo al diablo por la simple y común necesidad humana de echarlo todo a perder, un descenso al infierno de su fama, su matrimonio podrido por las adicciones, el circo mediático en que se convirtió su vida cuando la prensa sensacionalista británica olfateo su sangre y se le lanzó al cuello para arrancarle la voz. El filme es un testimonio de la gran habilidad lírica y musical de Amy Winehouse, de su intensa “relación emocional con la música”, de su desequilibrio, su pasión y su legado.

Dejaré fuera de estas líneas los datos fríos sobre su carrera, cantidad de reconocimientos, el número de copias vendidas, es irrelevante, información de Google. Respecto a la esencia del documental, me quedo con dos imágenes: la expresión del rostro de Amy cuando, desde Londres e impedida para salir de país por sus problemas de drogas, ve a través de un enlace directo como su ídolo, Tony Bennett, la anuncia como ganadora del Grammy a Mejor Artista Nuevo (“Esto es tan aburrido sin drogas” mencionaría después de ganar cinco premios esa noche), y, me quedo con su mirada perdida durante el show en Belgrado, completamente ebria y con su carrera pendiendo de un hilo.

Además, en lo personal, me quedo con la agridulce sensación de que las historias siempre son redondas, círculos que se cierran de manera perfecta. Si Amy Winehouse no hubiera sido el alma mutilada y depresiva que fue, no hubiera tenido el hambre y la rabia para escribir y cantar sus dos íntimos y emblemáticos álbums, Frank (2003) y Back to black (2006), el primero, siendo todo jazz, oscuro, poético y depresivo; el segundo, que le abrió las puertas de Norteamérica y la fama mundial, siendo menos jazz y mas soul, mas sesentas, mas estilero, mas peinado beehive… un disco que con alevosía tomó por asalto la escena musical.

Su primer representante y amigo, Nick Shymansky, menciona que antes de la creación de Back to black se perdió una oportunidad valiosa para internar a Amy en rehabilitación, aunque, reconoce, eso hubiera arruinado el disco no nato, escrito posteriormente y aun en medio de una depresión creativamente indispensable, privada, pues aun no era mundialmente famosa. Del infierno que vivió se generó algo estéticamente muy bello, bello como el documental en su honor, vale mucho la pena.

Una observación cínica: las personas normales no trascienden, las personas felices no hacen buen arte, quien diga lo contrario seguramente pertenece al mediocre bando de la intrascendencia. Amy Winehouse se fusionó con su turbulenta historia, sin dolor no hay logro, el pago por la genialidad de su música fue convertirse en un cadáver con las venas llenas de vodka, un precio alto para algunos, pero conforme avanzan las canciones del disco Back to black en nuestra sala y se va vaciando nuestro vaso de whisky dejando solo los hielos, debemos reconsiderar si en verdad fue tan alto ese precio. Yo, egoístamente, me quedo con su música.

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