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Björk fusiona rave, alta moda y ciencia ficción en su aparición en la Bienal de Venecia

La cantante islandesa Björk deslumbró en la Bienal de Venecia con un vestido de Bottega Veneta de agujas de fibra de vidrio recicladas y accesorios únicos.

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Por Monterrey Rock
Björk fusiona rave, alta moda y ciencia ficción en su aparición en la Bienal de Venecia
Foto: Varios

La artista islandesa Björk captó la atención internacional durante su participación en la Bienal de Venecia, donde actuó como DJ en una sesión de música electrónica y, de manera paralela, protagonizó uno de los momentos de moda más comentados del evento. La cantante lució una pieza de la colección otoño 2026 de Bottega Veneta, diseñada por Louise Trotter, confeccionada con agujas de fibra de vidrio recicladas que generaban un efecto escultórico en movimiento. El conjunto fue completado con una máscara dorada y un sombrero de grandes dimensiones elaborado con mohair tejido a mano.

Un atuendo construido por múltiples colaboradores

El vestido de Bottega Veneta, en color rosa chicle y de largo hasta los tobillos, fue el eje central de la propuesta visual. Las agujas de fibra de vidrio recicladas con las que fue confeccionado se desplazaban con cada movimiento de la artista, otorgándole a la prenda una cualidad casi cinética. La cantante se mantuvo activa durante toda la velada, bailando en el ambiente de la fiesta sin que la estructura del diseño limitara su movilidad.

La máscara dorada fue obra de James Merry, colaborador recurrente de Björk, conocido por diseñar piezas faciales inspiradas en flores, elementos orgánicos y criaturas fantásticas. Por su parte, el voluminoso sombrero fue creado por Myah Hasbany, diseñadora que elaboró la pieza como proyecto de graduación en Central Saint Martins de Londres. Hasbany adquirió el mohair a través de eBay y basó el concepto en leyendas populares sobre avistamientos de ovnis en Texas. La premisa imaginaba la posible transformación en seres extraterrestres de quienes habrían encubierto un supuesto accidente de ese tipo.

El resultado fue una propuesta estética que articuló referencias a la ciencia ficción, la cultura rave, la escultura y la moda de vanguardia, ámbitos que la artista islandesa ha transitado de forma simultánea a lo largo de su carrera.

Décadas construyendo un lenguaje visual propio

La relación de Björk con la indumentaria como herramienta expresiva tiene antecedentes que se remontan a los años noventa. En la ceremonia de los premios Oscar de 2001, la artista apareció con el ya célebre vestido con forma de cisne diseñado por Marjan Pejoski, una elección que en su momento generó reacciones divididas pero que con el tiempo fue revalorizada como uno de los referentes visuales más significativos de la cultura pop contemporánea.

A lo largo de su trayectoria, Björk ha establecido vínculos de trabajo con figuras centrales de la moda internacional. Alexander McQueen diseñó la icónica portada de su álbum Homogenic. La diseñadora holandesa Iris van Herpen, reconocida por integrar tecnología y materiales de laboratorio en sus colecciones, también ha formado parte de su universo estético. En años recientes, la cantante ha incorporado piezas de Jonathan Anderson para Loewe, así como diseños de Noir Kei Ninomiya, Moncler, Robert Wun y Maison Margiela Artisanal.

Especialistas en moda han utilizado el término art-wear para describir la dirección que ha tomado la propuesta visual de la artista: una categoría en la que la ropa abandona su función convencional para operar como objeto artístico. Texturas tridimensionales, estructuras volumétricas, materiales no tradicionales y máscaras escultóricas constituyen los elementos recurrentes de esa identidad.

Moda como extensión del universo conceptual

En el contexto de su obra, Björk ha señalado en distintas ocasiones que cada atuendo responde a una lógica conceptual vinculada a sus proyectos musicales. La naturaleza, la tecnología y los mundos imaginarios han funcionado como ejes temáticos tanto en su música como en sus elecciones de vestuario.

En los últimos años, la artista ha sustituido progresivamente el maquillaje convencional por esculturas y máscaras faciales que la sitúan en un territorio híbrido entre lo humano, lo vegetal y lo extraterrestre. Esta tendencia se consolidó en su aparición en Venecia, donde los tres elementos del conjunto —vestido, máscara y sombrero— respondían a lógicas creativas distintas pero convergían en una imagen coherente con su trayectoria.

La aparición de Björk en la Bienal de Venecia reitera el lugar que ocupa dentro de la intersección entre música, arte y moda, un espacio que la artista ha habitado de manera sostenida durante más de tres décadas y que continúa redefiniendo con cada aparición pública.

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