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Uno de los mejores materiales grabados en vivo en la historia del rock es: “Live at Pompeii” de Pink Floyd.

Pink Floyd es el protagonista de uno de los mejores conciertos que han sido grabados y publicados en la historia del rock: “Live at Pompeii”.

Pero este material posee un datos sumamente particular y curioso: que uno de los mejores documentos audiovisuales de una banda de rock en vivo se realizó ¡sin público!

La historia del concierto “Live At Pompeii” de Pink Floyd

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Corría el año de 1971 y Pink Floyd se encontraba entrando en un momento de madurez después de haber asimilado la triste salida de su anterior líder, Syd Barrett, y de haber pasado por años experimentando con su música.

El resultado de este proceso les llevó a grabar el maravilloso disco “Meddle”, con el cual la banda había encontrado el estilo que tanto habían buscado.

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Por otro lado, Pink Floyd siempre tuvo claro que sus conciertos debían ser verdaderas experiencias de impacto, por lo cual experimentaron con iluminaciones que nadie antes había utilizado, se preocuparon por el sonido en vivo como nadie, creando así maravilloso ambientes.

Ante esto el cuarteto se propuso registrar uno de sus conciertos, pero querían hacer algo que nadie hubiese hecho antes y de repente la idea llegó: grabar a la banda tocando en el majestuoso anfiteatro en ruinas de Pompeya, Italia, a solas, sin público.

La idea resultaba alucinante, pero la banda la llevó a cabo. La dirección corrió a cargo de Adrian Maben y se rodó en octubre de 1971.

El resultado es impactante: la música hipnótica, elegante, exquisita y a veces inquietante de Pink Floyd haciendo juego con las maravillosas panorámicas de las ruinas de Pompeya y de la zona activa del Volcán Vesubio.

Las canciones incluidas en este documental son “Echoes”, “Careful with that Axe, Eugene”, “A saucerful of secrets”, “One of these days”, “Set the controls for the heart of the sun” y “Mademoiselle Nobs”.

En una edición posterior se agregaron escenas de Pink Floyd en el estudio trabajando en la grabación del mítico “Dark side of the moon”.

Este filme es de un gran valor histórico para el rock. Por un lado es una propuesta que nunca antes se había hecho y que nunca nadie hizo después. La fotografía es perfecta, apabullante.

Y lo más importante: en este material se aprecia a Pink Floyd justo entrando en su época de esplendor, un cuarteto perfecto, con un Nick Mason luciendo con su doble bombo como el motor incansable del grupo, Rick Wright creando hipnóticas atmósferas con sus teclados, Roger Waters implacable en el bajo y voz, y qué decir del trabajo de Gilmour en la guitarra y voz.

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