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Es la noche del sábado 14 de diciembre. Tu plan para hoy: Café Tacvba en el Auditorio Citibanamex. Y aquí vas, con boleto en mano, con tu atuendo de concierto y el cúmulo de motivos. Cruzas el umbral. Afuera queda la hipoteca, la colegiatura y el tráfico. Llegaste temprano, justo a tiempo para ver a Los Tres, que abren esta noche.

Café Tacvba, 30 años

Son las nueve veinte. Las luces se apagan y el auditorio abarrotado estalla en gritos. Entre la penumbra se descubren las siluetas de los cuatro de Ciudad Satélite. ¡Comienza el viaje! “Seguir siendo”, “Tengo todo” y “Cero y uno” suenan. Luego vine “Matando”, del último disco.  

“Muchachas, muchachos, buenas noches… Que alegría estar aquí en Mty, compartir esta noche con todos ustedes, con todos nuestros amigos. Estamos bien agradecidos porque estamos cumpliendo 30 años de carrera… gracias por venir… Deseamos que esta noche disfruten, que la pasen de poca madre, que echen mucho desmadre, que olviden todos sus problemas, sus angustias, sus preocupaciones y nomás se dejen ir así en la musiquita. Que si están aquí es porque les gusta el Café Tacvba“, dice Albarrán.

Las luces led, como relámpagos, centellean sobre el mar de gente, y es “Debajo del mar” lo que suena. ¡25 años sin tocarla! ¡Qué detallazo! Súbitamente ves el techo de tu cuarto, la grieta, el póster de los Tacvbos.

El lugar está repleto, todos de pie y con cerveza en mano. Suena “Labios jaguar”. Rubén lleva puesto un penacho. “La zonaja” y “Trópico de cáncer” le secundan. El público no ha dejado dejado de cantar. Cientos de arterias más laten como la tuya, las puedes sentir.

El “Futuro” suena bajo una luz azul; termina y todos comienzan el coro: ¡Oe-oe-oe-eeee, café, café! Rubén aparece en el escenario con otra ropa. ¿Cuándo pasó? Has perdido la cuenta de las cervezas y del tiempo.

Un par de canciones más viene “Ojalá que llueva café” y sube al escenario el Dúo León Huasteco. Ivan y su padre Aníbal, dice Albarrán. ¡Qué manera de interpretar! Se escucha la ovación.

Rubén lanza una plegaria, habla sobre los derechos humanos, sobre el proyecto del El Tren Maya. Y luego vienen cosas más amables: “Olita del Altamar”, “Las flores” y “Chilanga banda” ¡Qué rolas! El dolor de espalda ya no está. Todo se alborota. La gente salta y salta; se siente el suelo vibrar bajo tus pies.

“Fin de la infancia” suena. Notas que llevas puesto el uniforme de la secundaria. Miras a tus costados para ver si alguien más lo ha notado, pero todos parecen hipnotizados. Y luego eres de nuevo tú, con las cicatrices y las canas. “Déjate caer, déjate caer…”, te dice la canción. La “Chica banda” te recuerda a tu primera banda de covers, ¡qué tiempos!

Rubén va y viene de un lado a otro del escenario, con ésa, su peculiar manera de bailar. Y tú vas y vienes igual, pero sin moverte de tu lugar. Es momento, de esa parte tranquila de los conciertos. Aparece Meme al piano, iluminado en el centro del escenario para cantar “El mundo en que nací”. Le sigue “Encantamiento inútil” y “Eres”.

Son treinta años. ¿Ya escuchaste todo? Pasa de la media noche y “El baile y el salón” no podía faltar. Aparece el Gallito Grass, pero apenas lo notas y es lanzado hacia la multitud.

Han pasado más de dos horas. Ya se “despidieron” dos veces. Ésta última, parecía que no regresaban, pero ¡claro! ¡faltaba “María” y la tan incomprendida “Ingrata/Ingrato”. Esta vez la voz femenina, ese coro feminista que sorprendió en el Foro Sol, corre a cargo de Jessy Bulbo, la chica ultrasónica. Todos la ovacionan.

Café Tacvba tiene ese algo que sólo pocas bandas logran. Has ido a cientos de conciertos, pero pocos como los de los Tacvbos, puedes contarlos con una mano. Entraste jodido y saliste renovado. Más de dos horas de letras y canciones. 30 años y aquí sigues. ¡Vaya viaje!

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