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El 4 de agosto de 1967 se publicó el primer disco de Pink Floyd, el cual se convirtió en uno de los mejores discos psicodélicos de la historia.

Si hablamos de Pink Floyd de inmediato vienen a la mente obras como “The Wall”, “Dark Side Of The Moon”, “Wish You Were Here”, sin embargo todo tiene un comienzo y en este caso fue un inicio atrevido, revolucionario y alucinante: “The Piper At The Gates of Dawn”.

Los inicios de Pink Floyd

En 1967 la escena del rock británico se encontraba en plena ebullición con el impacto de Cream, Jimi Hendrix, Rolling Stones, The Beatles y otras bandas más.

Pero de la nada llegó un cuarteto que traía una propuesta sumamente original. Eran amantes del blues, pero no querían sonar como John Mayall o The Yardbirds. Al contrario, buscaban un sonido revolucionario y alucinante, cercano a esa cosa que llamaban psicodelia.

Ese grupo se hacía llamar Pink Floyd.

Tras “picar piedra” en la escena londinense, sobre todo en el legendario antro UFO, el cuarteto conformado por Syd Barrett, Nick Mason, Rick Wright y Roger Waters lograron impactar de lleno en los amantes del rock y en empleados de algunas disqueras.

Este impacto se debía a su imponente presencia escénica y a lo novedoso de su propuesta musical, la cual era literalmente alucinante tanto en la lírica como en la música.

Fue así como el 28 de febrero de 1967 Pink Floyd logró firmar con la disquera EMI y de inmediato comenzaron a prepararse para entrar al estudio de grabación.

“The Piper At The Gates Of Dawn”: el disco debut de Pink Floyd

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Tras estampar su firma en el contrato, la banda se puso de inmediato a trabajar en su álbum debut.

El 1 de marzo entraron al estudio 3 de Abbey Road para trabajar en 2 temas de este disco, se trata de “Interstellar Overdrive” y “Chapter 24”.

El productor de este trabajo fue Norman Smith, quien quedó impactado con el trabajo del grupo.

El trabajo de grabación se retomó en algunos días de abril y posteriormente de mayo a julio.

El resultado fue un disco increíble. Era una psicodelia intensa en la que la realidad simplemente se perdía entre el mundo mágico surgido de la cabeza de Syd.

Es un viaje sin escalas al espacio sideral, impulsado por las ansias de experimentación musical del cuarteto inglés y por la vibrante, brillante y a la vez retorcida mente de Barrett.

“Astronomy Domine”, “Lucifer Sam” e “Interstellar Overdrive” son la muestra perfecta de que esta banda no era un grupito psicodélico como los que abundaban al otro lado del Atlántico.

Pink Floyd no aventaba flores y mensajes de “amor y paz”, simplemente te volaban la cabeza con canciones de inspiración lisérgica, llevándote a otros planos.

No desmerecen “The Gnome”, “Pow R. Toc H.”, “Matilda Mother”, “Flaming”, “Take Up Thy Stethoscope And Walk”, “The Scarecrow” y “Bike”, en las que se plasma la locura que ya estaba haciendo de las suyas con Syd.

Con este disco se posicionaron como una de las bandas emergentes más interesantes de ese momento.

Después vendría la salida de Syd, la llegada de David Gilmour, una etapa de transición y el apabullante éxito comercial de los 70’s, el rompimiento y lo que ya todos sabemos.

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